no pudo pegar un puto ojo en toda la noche. buscó cigarrillos y halló una cerveza desvanecida en el refrigerador. Se sentó a escribir, escribió sobre un puto asesino que degollaba gatitos. El cuento le pareció tan malo que lo borró. Pensaba y pensaba y pensaba. las ideas se tornaron algo confusa y las imágenes de cuerpo se le cruzaban en la cabeza, cuerpos mutilados, cuerpos degollados, cuerpos enredados, cuerpos enmohecidos por la muerte y sintió el aroma de la muerte, el aroma de la sangre, el aroma del pasado, las flores marchitas había pensado, pero la imagen era tan cursi que prontamente, la terminó borrando como al pobre y triste minino desangrado. Lentamente la lógica se iba de su cabeza y la niebla, una espesa nube lo cubrió de malos augurios , augurios de lluvia mostaza que caían sobre su cabeza, tuvo miedo, miedo de convertirse en un puto degollador de gatitos e intentó domir, pero no lo lograba. Era angustia. Rabia pena acumulada. Por que todo resulta tan complejo, pensó, por qué siempre volvía al caos de la sangre, a la muerte a pensar en el más alla como el escape preciso a sus dificultades. Y volvía a la encrucijada. Tomar las sertralinas o abandonarse a la creatividad, al origen del caos que le permitía redactar algunas notas, las cuales, si bien era cierto él no las sentía de gran calidad, al menos le permitían subsistir, subsistir en la soledad de los celos...



Comentarios recientes
hace 2 meses
hace 2 meses
hace 2 meses
hace 2 meses
hace 4 meses