Me senté en el piso, lejos de ella. Sin embargo ella se acercó a mí, anudó su brazo en el mío y apoyó su cabeza ligeramente en el hombro. Tuve ganas de responder a su juego, dejando caer mi cabeza sobre la suya, pero me mantuve firme, en un rictus de piedra, en un gesto de falsa indiferencia, pero el estómago me delataba. Sentí las clásicas “maripositas”, ese nervio eléctrico que te recorre el cuerpo y te sacude cometiendo las mayores estupideces de la vida. Eso era amor, aunque atribuí al cosquilleo a la leche con frutillas. Apenas tenía 13 años… confundí el deseo con cagadera.
Lorena seguía mirando la película. Repetía en inglés cada uno de los diálogos de Clementine y yo la escuchaba. Estaba sumida en el personaje, como si su alter ego dominara su verdadera personalidad. Dentro de ella había una actriz, la cual, años más tarde apareció en Europa, cuando descubrió su talento innato de arriba de las tablas, en esos años en que ella me abandonó…



Comentarios recientes
hace 2 meses
hace 2 meses
hace 2 meses
hace 2 meses
hace 4 meses