caen las bombas sobre Hiroshima y yo contemplo la fractura del átomo, los dolores que se diluyen en la luz blanca de la muerte. No tengo deseo de pensar, sino de llevarme por el viento, de armarme de soledad y volver a mirarme al espejo, como envenenado por los perros y los gatos, tiempo, tengo miedo, ella no volverá porque ha sido devorada por los perro que ya no serán prerros sino hombres carnívoros que se comen su piel, la misma que una vez me perteneció y ahora ya no me pertenece.



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