
Llevaba tres días laborando en el market y tres veces me habían robado el almuerzo. El asunto se transformó en algo serio. Mis tripas pedían alimento. Ronroneaban como gatas en celo, exigiéndome una migaja de pan. Para peor, Oscarito de los pollos se enfermó y era su reemplazo natural. Tuve que trabajar con hambre. Debía cocinar los pollos, separar el tutro de la pechuga y acompañar aquel cadáver con papas fritas. Los clientes saciaban su apetito con ese alimento rancio mientras yo los miraba disfrutar de la presa con cara de Chavo del Ocho.
A las cuatro acababa mi turno. Al llegar a casa mamá preguntaba: ¿cómo me quedó el almuerzo? con ojitos esperanzados de que le encontrara rica la comida. Yo respondía: delicioso, keta, delicioso ¿Por qué no me sirves de nuevo? Así asesinaba el hambre sin preocupar a mi pobre vieja. Ella hacía un gran esfuerzo por cocinar, pero un maldito disfrutaba de su capacidad culinaria.
Al cuarto día le puse candado a la mochila. Nadie más que yo me deleitaría del bistec con arroz. Nadie. Salía desempeñar mi horrenda labor. Repuse arroz, me di una vuelta, repuse leche, jugos, verduras, me di otra vuelta. Luego hice un poco de show con la escoba hasta que dieron las dos de la tarde, hora de colación.
Partí al lugar donde guardé mis pertenencias y para mi sorpresa descubrí mi mochila en el piso. Al levantarla cayeron toneladas de papeles. Eran mis anotaciones para futuros cuentos. El ladrón de almuerzos había tajeado mi bolso con un cortaplumas o tip-top, logrando su objetivo. El candado estaba intacto, tal cual lo dejé. No faltaba nada, salvo el cuchillo, el tenedor y la comida.
Eso era una burla.
La rabia me desbordó…rojo a causa de la ira partí con dirección al jefe de sala. Intenté aplicar técnicas de autocontrol, pero no logré contener mi furia.
-Quiero contarle algo grave, don Elías- dije- un hijo de la gran puta me está robando la colación-.
- Hace cuánto tiempo- preguntó el supervisor-.
- Esta es la cuarta vez.-
- Usted tiene alguna sospecha.
-No- respondí- pero quiero una solución-
- Vamos a investigar. Esto no puede pasar en una empresa como la nuestra, somos una familia. No se preocupe, hallaremos al responsable-. Y se fue.
Volví al comedor de empleados. En ello veo a Oscar, quien había vuelto de la licencia. Me siento al lado de él y mantengo silencio-. Qué te pasa hueón- preguntó. Le conté todo. Al escucharme meneaba su bigote que le daba un ligero toque al profesor salomón. Luego se mató de la risa.
- Sabes qué … a todos nos ha pasado lo mismo- quedé sorprendido-. Pero contigo ya pasó los límites… ni que tu mamá fuese el coco Pacheco-
A pesar del enojo, me dio risa. No perdía el sentido del humor, sin embargo, debía descubrir quien era el causante de mi hambruna.
Al llegar a la casa con la mochila rota, debí contarle a mi vieja. Ella, al escuchar esta historia, se mató de la risa. Yo pensé que se deprimiría, pero fue todo lo contrario- me voy hacer pichi, me voy hacer pichi- repetía mientras corría al baño con la carcajada en la boca.
Ahí fue donde se me ocurrió la vendetta.
A la mañana siguiente, antes de irme a la pega, fui al botiquín. Ahí estaba lo que necesitaba. Tomé el frasco y lo guardé en la mochila. Mi madre de todas maneras preparó el almuerzo a expresa petición mía. Pero hijo, te lo van a quitar. Esa es la idea mami, esa es la idea. Mi madre supo que yo tenía algo en mente. Ese día se esmeró más que nunca en la cocina. Hizo su especialidad, puré picante con carne al jugo, la última cena del ladrón de almuerzos.
Guardé la comida en el lugar acostumbrado, pero rocié el frasco como un aderesso más sobre la comida. El contenido del envase ya lo había probado antes… sólo diré que es muy efectivo.
Toda la mañana anduve con un dejo de satisfacción. Una sonrisa maléfica me acompañaba por los pasillos del Market. A eso de la una y media, salí a comer. Corrí por las escaleras hasta el segundo piso. La ansiedad me comía los nervios. Un pequeño nudo en el estómago me arremolinaba las tripas cuando abrí la mochila… el ladrón cayó en mi trampa. Una risa potente se oyó por todo el supermercado. No podía parar. Me apretaba la guata. Estaba riendo cuando oí un extraño gruñido en el baño. Me quedé afuera de la puerta del W.C para descubrir al malhechor. Quería verle la cara. Burlarme de él.
Al cabo de unos minutos, un desconocido giró la perilla. Vi su rostro pálido, su frente sudorosa, sus ojos urgidos, grandes y un cabello cano totalmente despeinado.
- Estaba rico el puré picante don Elías, el secreto está en el laxante-.
El jefe de sala quedó plop. Ni siquiera alcanzó a responder nada cuando los retortijones volvieron a su estómago. Apenas alcanzó a llegar a la taza.
-Me tienes en tus manos muchacho- dijo al cabo de unos minutos- qué quieres por tu silencio-.
- Quiero comer pollos con papas fritas todos los días, quiero una hora de colación, no quedarme hasta el cierre y tener sólo turnos de mañana-.
- Hecho … pero antes Diego… te quiero pedir un favor… anda a buscar confort.
- Espérese sentadito, jefe, espérese sentadito.-




todos caen de alguna forma!!
jajajajajaja esta es la mejor historia ke leido hasta ahor en este blog...nunca crei que cosas asi sucedieran en lo cotidiano XD XD muy buenaa!!! aunque con la imagen del principio matas el misterio po XD
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...Si la vida te da la espalda...¿?...