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<atom:link href="http://plop.bligoo.com/rss/node" rel="self" type="application/rss+xml" /><title>plop ( idiota por una causa)</title>
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<pubDate>Sun, 28 Jun 2009 23:06:47 -0400</pubDate>
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<title>QUIEN DIJO QUE TODO ESTA PERDIDO??</title>
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<pubDate>Thu, 11 Mar 2010 23:42:13 -0300</pubDate>
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<description><![CDATA[<p>
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</p>]]></description>
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<title>CHILE</title>
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<pubDate>Sat, 06 Mar 2010 00:37:36 -0300</pubDate>
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<description><![CDATA[<p>siembra en este llanto </p>
<p>la ra&iacute;z de la esperanza</p>]]></description>
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<title>Vamos que se puede</title>
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<pubDate>Thu, 04 Mar 2010 17:54:50 -0300</pubDate>
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<dc:creator>degolando</dc:creator>
<description><![CDATA[<p>Estamos golpeados, pero no de rodillas, Chile se levanta, otra vez, piedra sobre piedra, es lo que tenemos que hacer por todos aquellos que perdimos, se lo debemos... Vamos Chile mierda</p>]]></description>
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<title>TERREMOTO EN CHILE: RELATO DE LA NOCHE DE  ESTRELLAS TRISTES</title>
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<pubDate>Sun, 28 Feb 2010 19:52:19 -0300</pubDate>
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<dc:creator>degolando</dc:creator>
<description><![CDATA[<p>Fue un gru&ntilde;ido,
como el de un animal agonizante, el que me despert&oacute; la madrugada del s&aacute;bado 27
de febrero del 2010. Eran las 3:34 de la madrugada cuando comenz&oacute; el terremoto,
el sexto m&aacute;s fuerte en la historia de los cataclismos que se tenga registro en
la historia universal. Chile ya est&aacute; acostumbrado a aquellos fen&oacute;menos que &nbsp;cubren de desolaci&oacute;n a un peque&ntilde;o y remoto
pa&iacute;s, no obstante, la fuerza de la naturaleza, a&uacute;n nos asusta y nos preocupa. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;Las noches
anteriores hab&iacute;a tenido pesadillas. So&ntilde;&eacute; con muertos, destrucci&oacute;n y otras cosas
que me hicieron dormir mal durante dos noches consecutivas. Tal vez fue un
presagio, una se&ntilde;al de advertencia para esta angosta faja de tierra que no
recordaba como era cuando la tierra se tornaba arisca y encrespa su pelaje
cubriendo de angustia y temor a quienes habitamos sobre ella,&nbsp; haciendo de aquel dicho de: &ldquo;tener los pies
sobre la tierra&rdquo;, un mal chiste de humor negro. </p>
<p>&nbsp;Eran las 3 con
44 minutos cuando un leve vaiv&eacute;n, similar&nbsp;
al de una mujer cuando mece en sus brazos a un beb&eacute;, el que me alert&oacute; de
que ese no ser&iacute;a un temblor como los que estamos acostumbrados. Ese gru&ntilde;ido de
la tierra es un sonido que a&uacute;n permanece latente&nbsp; en mis o&iacute;dos, junto con el movimiento
horizontal bajo mis pies fue el que me hizo presagiar lo que se ven&iacute;a. Me
levant&eacute; de la cama y camin&eacute; raudo hacia la pieza de mis padres. Mi viejo- el
cual mantiene el aplomo y la tranquilidad &ndash; ni siquiera quer&iacute;a levantarse de la
cama cuando aquel deslizamiento iba increment&aacute;ndose. </p>
<p>- Pap&aacute;,
lev&aacute;ntate.- dije</p>
<p>- No hijo, si no
es para tanto.</p>
<p>- Hue&oacute;n es un
terremoto el que se viene, sal de ah&iacute;.- En ese momento, comenz&oacute;&nbsp; el cataclismo. Fue una sacudida que abri&oacute; las
ventanas de mi casa e hizo caer un par de vasos sobre la mesa, la pantalla de
un viejo computador, mientras en la calle los chispazos&nbsp; de&nbsp; los
cables del tendido el&eacute;ctrico iluminaban la oscuridad imperante. Todo vibraba y
yo sent&iacute;a como si un gigante me remeciera de un lado a otro. </p>
<p>- Pap&aacute;. Sal de
ah&iacute;, te puede caer el techo.</p>
<p>- Hue&oacute;n, no
puedo levantar a tu mam&aacute;- posteriormente orden&oacute;-. Anda a cortar el interruptor
de la luz.</p>
<p>&nbsp;Mientras
caminaba yo sent&iacute;a como si caminar&aacute; en gelatina. Corte la luz de la casa y
cuando volte&eacute; la mirada, mi padre y mi madre ya estaba a salvo bajo el dintel
de la puerta que da al comedor de la casa. Yo me qued&eacute; a un rinc&oacute;n de salida a
la calle justo en el lugar donde sab&iacute;a que exist&iacute;a uno de los pilares que
sostiene mi hogar. Pasaban los minutos y el sismo no paraba. De pronto miro
hacia la mesa del televisor y me doy cuenta que &eacute;ste est&aacute; a punto de caer. </p>
<p>&nbsp;-El televisor-
grit&eacute; y salt&eacute; hacia en el momento que estaba al borde del mueble. Me qued&eacute; ah&iacute;,
sujet&aacute;ndolo&nbsp; hasta que la tierra se
calm&oacute;. Minutos despu&eacute;s la tierra a&uacute;n se mov&iacute;a suavemente, casi como un
ronroneo. Mi madre lloraba, mi viejo estaba&nbsp;
tranquilo, consol&aacute;ndola. Las l&iacute;neas de tel&eacute;fonos estaba cortadas, no
obstante, recib&iacute;a llamados. La primera con quien habl&eacute; fue con la Val, quien
desde Mendoza me dijo que se hab&iacute;a sentido all&aacute; tambi&eacute;n y despu&eacute;s de calmarla
de que est&aacute;bamos todos bien, nos despedimos. &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Sal&iacute; a la calle.
Una nube de polvo cubr&iacute;a a Santiago, la gente estaba despierta, levantando un
lamento y preocupaciones. Doscientos metros al Oeste de mi casa, un poste de
luz cay&oacute; sobre la cornisa de un galp&oacute;n derrumbando parte de la techumbre al
piso. Por suerte no pas&oacute; nadie por aquel lugar, sino le hubiera costado la vida
a m&aacute;s de alguien. </p>
<p>&nbsp;Fui a mirar en
mi casa y la vieja muralla del patio hab&iacute;a ca&iacute;do y la pandereta que separaba mi
casa con las de los vecinos de los pies, tambi&eacute;n cedi&oacute;. Eran da&ntilde;os menores, ya
que mi la estructura de mi casa hab&iacute;a aguantado con &eacute;xito su tercer terremoto. Ya
un poco m&aacute;s tranquilo y en la oscuridad de la noche me percat&eacute; de un detalle&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca hab&iacute;a
visto tantas estrellas en el cielo capitalino. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
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<title>Odio el festival de Viņa (pero no puedo dejar de verlo)</title>
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<pubDate>Mon, 22 Feb 2010 13:56:59 -0300</pubDate>
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<dc:creator>degolando</dc:creator>
<description><![CDATA[<p>Me parece tan chabaco y carente de sentido, aquella cosa llamada Festival de Vi&ntilde;a. Me carga, me aburre, me deprimer ver tanto patetismo reunido en una sola "fiesta", donde la silicona, la falsedad y todo el show parafern&aacute;lico&nbsp; de los medios de comunicaci&oacute;n se mueve con el objetivo de elegir una reina para los calientes que se masturban pensando en aquel culo.</p>
<p>Detesto los artistas de segunda categor&iacute;a o las estrellas de otras &eacute;pocas que vienen a reberdecer laureles con una masa idiota la cual los aplaude como si se tratara de verdaderos dioses cuando en sus patrias son unos pat&eacute;ticos que dan pena. </p>
<p>No soporto a ese ete llamado Moustruo, un ser que s&oacute;lo se expresa por chilfas y o aplausos... No tolero que Pinochet haya potencido ese "evento" para tapar las matanzas y las peleas pol&iacute;ticas y dem&aacute;ses mierdas de las dictaduras.</p>
<p>Lo odio, pero no puedo dejar de verlo, de quedarme pegado, de mirarlo y si quiero huir de todo ello, siempre hay un amigo que te habla del tema y por morbo quieres saber como le fue a ese tipo o a sutano o a mengano... toy chato... ahhh, Me voy a san remo pal otro a&ntilde;o mejor. </p>]]></description>
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<title>ROSA VENTISCA</title>
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<pubDate>Sat, 20 Feb 2010 22:09:31 -0300</pubDate>
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<dc:creator>degolando</dc:creator>
<description><![CDATA[<p>Invoco tu desnudez </p>
<p>traje que engalana</p>
<p>la fina seda</p>
<p>de nuestro recuerdo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Perpet&uacute;a en m&iacute; </p>
<p>aquella pincelada</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;tatuaje indeleble</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; que
despierta </p>
<p>A p&uacute;rpuras soles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alimenta espirales </p>
<p>Rosa ventisca </p>
<p>calido torbellino </p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En nuestro pecho</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
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<title> Herdia: la conciencia de Chile </title>
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<pubDate>Fri, 19 Feb 2010 23:09:44 -0300</pubDate>
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<dc:creator>degolando</dc:creator>
<description><![CDATA[<p>&nbsp;La novela negra siempre ha sido subvalorado dentro de la literatura. Algunos lo consideran un g&eacute;nero menor de las letras, ya que, los malos autores- como agatha christie - han asesinado uno de los estilos que, con una buena pluma, puede a llegar ser puzante a la hora de criticar la corrupci&oacute;n del poder. </p>
<p>Mi primer acercamiento con la tambi&eacute;n denominada novela policial, se concret&oacute; a trav&eacute;s de uno de los grandes escritores del g&eacute;nero, <a href="http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/chandler_raymond.htm">Raymon Chandler</a> y su alter ego <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Philip_Marlowe">Philip Marlowe</a>, un cl&aacute;sico anti h&eacute;roe con un sentido del humor bastante oscuro, ir&oacute;nico y quien a trav&eacute;s de su dureza, esconde un lado sentimental, idealista, el cual, lo lleva a indagar en las bajezas de la sociedad. </p>
<p>Fue as&iacute; como fui cayendo en el embrujo del investigador que est&aacute; al borde de la ley con diversos autores como <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dashiell_Hammett">Dashiel<b> </b>Hammett</a>, incluso Borges y Bioy C&aacute;ceres escribieron en conjunto una serie de relatos del g&eacute;nero bajo el pseud&oacute;nimo de <a href="http://www.literatura.org/Bioy/Bustos_Domecq.html">H. Bustos Domecq</a>. </p>
<p>Sin embargo, no pretendo hacer un mayor analisis sobre este tema, sino que hablar de uno de los personajes m&aacute;s cautivantes de la literatura chilena, un investigador privado que calza a la perfecci&oacute;n en el modelo creado por los maestros del g&eacute;nero ( personajes descontentos con la sociedad, un tantos abrumados por la soledad y que actuan fuera de los c&iacute;rculos del poder para denuciarlo aunque ello no le signifique ning&uacute;n tipo de recompenza econ&oacute;mica y un serio dolor de huesos).</p>
<p>Se trata del detective Herdia, creado en 1987 por el escritor chileno <a href="http://www.letras.s5.com/archivodiazeterovic.htm">Ram&oacute;n D&iacute;az Eterovic</a>, quien a trav&eacute;s de su novela <a href="http://es.shvoong.com/books/mystery/500235-la-ciudad-est%C3%A1-triste/">"la ciudad est&aacute; triste"</a>, y el segundo libro de la saga: "Nadie sabe m&aacute;s que los muertos", narran la suciedad de aquel chile bajo la sombra de la dictadura de Augusto Pinochet y en donde, la palabra justicia s&oacute;lo era una palabra al interior de los diccionarios. </p>
<p>No obstante, con los a&ntilde;os ( y unos cuantos kilos de m&aacute;s) Herdia se encamina hacia otros vicios, investigando corrupciones en per&iacute;odos de la democracia ( A la sombra del dinero); trafico de armas (Angeles y solitarios), de drogras (S&oacute;lo en la ciudad); entre otros, el antih&eacute;roe se ha convertido en una especie de conciencia social vigilante dentro del p&aacute;lido espectro de la mediocre- a mi juicio- narrativa chilena. </p>
<p>Es curioso pensar que Heredia, un borracho vividor, adcito a los tugurios santiaguinos, a las carreras y a los amorios con bellas se&ntilde;oritas, sea el encargado de entregar justicia a quienes ya perdieron la esperanza de conocer a la verdad , no obstante, pese a los m&eacute;todos un tanto arcaicos, logra develar el halo de misterio que envuelve a la muerte de quienes lo contratan - o no- en sus casos. </p>
<p>Heredia posee un especial sentido del humor que cruza desde el doble sentido hasta finas citas a autores desconocidos. Pese a ser un duro hombre&nbsp; de la calle, es un intelectual idealista con una moral incurruptible que se basa en el compromiso sincero de quien no tiene nada que perder en la vida y a quien no le interesa figurar en los diarios ni de quien le interesa que le construyan un monumento a las fueras de Allavil&uacute;&nbsp; con Bandera- lugar donde se encuentra su oficina-. Su &uacute;nicp fin es sobrevivir de la mejor manera posible el d&iacute;a d&iacute;a&nbsp; como le ocurre a un sin fin de compatriotas en la soledad de la capital. </p>
<p>ojal&aacute; hubiera m&aacute;s personas en el mundo real como y no en la fantas&iacute;a. </p>
<p><b><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dashiell_Hammett" title="Dashiell Hammett"><br /></a></b></p>]]></description>
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<title>PUNTO DE FUGA</title>
<link>http://plop.bligoo.com/content/view/725917/PUNTO-DE-FUGA.html#content-top</link>
<pubDate>Wed, 17 Feb 2010 23:07:01 -0300</pubDate>
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<dc:creator>degolando</dc:creator>
<description><![CDATA[<p>Nota: este poema lo escrib&iacute; por mayo del 2009, en plena crisis emocional. A&uacute;n siento que no est&aacute; terminado, no obstante lo publico porque refleja una &eacute;poca oscura que ya no existe. </p>
<p>C&oacute;mo habr&aacute; punto de fuga</p>
<p>si no es libre mi lamento</p>
<p>prisionero en esta piel</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; en este cuerpo</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y en mi hueso</p>
<p>clava el pu&ntilde;al estigma </p>
<p>de la mano ominpresente. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>C&oacute;mo habr&aacute; punto de fuga</p>
<p>el barrote me golpea </p>
<p>contra murallas de concreto</p>
<p>arprisiona y lacera </p>
<p>el metal indisoluble</p>
<p>de mis ojos ya maltrechos</p>
<p> y empredreados por el viento. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya no hay punto de fuga</p>
<p>mientras tenga el silencio</p>
<p>de esta patria ya dispersa</p>
<p>en los blancos espectros</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
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<title>Los Fantasmas del Caribe</title>
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<pubDate>Wed, 17 Feb 2010 22:05:07 -0300</pubDate>
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<dc:creator>degolando</dc:creator>
<description><![CDATA[<p>Como olvidar a este grupo de artistas s&oacute;lo comparable a las canciones de Barticciotto y keko Yungue. noten la maestr&iacute;a de los versos, s&oacute;lo comparables a la biograf&iacute;a de la Carlita Ochoa y a los del libro de Pablo Mackenna. F&iacute;jense en la coreograf&iacute;a para m&iacute; que la hizo el director del Bolshoi ruso... aqui dejo su single... muchacha triste.</p>
<p>
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<param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/owLarXhTxUI&fs=1"></param>
<param name="allowFullScreen" value="true"></param>
<param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/owLarXhTxUI&fs=1" wmode="transparent" allowfullscreen="true" type="application/x-shockwave-flash" width="425" height="350"></embed>
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</p>]]></description>
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<title>El polvo de los bastardos</title>
<link>http://plop.bligoo.com/content/view/725251/El-polvo-de-los-bastardos.html#content-top</link>
<pubDate>Tue, 16 Feb 2010 21:09:38 -0300</pubDate>
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<dc:creator>degolando</dc:creator>
<description><![CDATA[<p>Al descubrir a mi novia teniendo sexo con otro, no
volv&iacute; a tirar en dos a&ntilde;os. La imagen de Carolina montada sobre un cuerpo ajeno,
disfrutando de rutinas que practic&aacute;bamos en la intimidad, result&oacute; tan chocante
que me abstuve de cualquier contacto f&iacute;sico con otra mujer. Yo la adoraba. Pens&eacute;
construir una vida a su lado, tener hijos, casa, perro, gato, auto y deleitarme
con ella en las comodidades de la vejez. Ahora que han pasado un par de a&ntilde;os de
la ruptura, me parece irrisorio armar un futuro con ingredientes impuestos por
el marketing de la iglesia cat&oacute;lica. Cuando era un mocoso, una vieja de mierda
me ense&ntilde;&oacute; las bondades de un matrimonio reprimido y fr&iacute;gido como n&uacute;cleo
esencial de la sociedad. Fue en clase de catequesis donde la se&ntilde;ora Clementina
elabor&oacute; una frase digna para el bronce: </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&ldquo;El sexo es una herramienta de procreaci&oacute;n, jam&aacute;s de
diversi&oacute;n&rdquo;, sentenci&oacute; la ACN su voz chillona y, al conocer a Carolina, yo cre&iacute;
en la sarta de mentiras de la arterioscler&oacute;tica anciana. Le ped&iacute; casamiento al
cumplir un a&ntilde;o once meses de feliz noviazgo. Me faltaban cuatro semestres para
titularme y apenas lograse ser profesional, anunciar&iacute;amos la noticia a los
amigos. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por suerte no alcanc&eacute; a cagarme la vida. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una tarde de abril sal&iacute; temprano de clases. Unos compa&ntilde;eros
de la U me invitaron a una juerga con las chicas &nbsp;de sicolog&iacute;a- con una fama de f&aacute;ciles que ni
explico- y yo me negu&eacute; . </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-No gracias, le voy a dar una sorpresa a mi polola-.
Me excus&eacute;. </p>
<p>-Eres un macabeo, polleruo. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;No me importaba
mucho ser considerado un idiota. Amaba a&nbsp;
Caro. Deseaba estar con ella cuando se me brindaba una oportunidad- nuestros
horarios nunca eran compatibles-. Como el profesor de Historia contempor&aacute;nea
hab&iacute;a enfermado, la &uacute;ltima hora de clase qued&oacute; libre. Sin pensarlo tom&eacute; mi
mochila y part&iacute; a casa de mi ex. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n lo que me cont&oacute;, ella ven&iacute;a del sur y se vino a
estudiar a la capital cual Carmela de San Rosendo. Su padre- un acaudalado
agricultor- le arrend&oacute; un loft en Providencia. Al cumplir un a&ntilde;o de relaci&oacute;n,
ella me entreg&oacute; una copia de las llaves de su departamento. &ldquo;As&iacute; me podr&aacute;s
venir a ver cuando se te plazca&rdquo;, dijo tras de una noche lujuriosa. Pues bien
nunca las hab&iacute;a ocupado hasta esa tarde. Abr&iacute; la puerta del apartamento
lentamente, intentando evitar el ruido t&iacute;pico de la madera. Lo primero que
escuch&eacute; fue un quejido agudo entremezclado con un ahogo. Al mirar&nbsp; not&eacute; las pantaletas rosa de Carolina colgadas
sobre un ficus. Ya tem&iacute;a lo peor, sin embargo, la esperanza me hizo creer que le
prest&oacute; la casa a una amiga para que se divirtiera. S&oacute;lo hab&iacute;a una formar de
comprobar mis suposiciones, entrando. Ingres&eacute; con cautela, siendo silencioso.
Al dar unos pasos not&eacute; un camino de prendas que terminaba en la habitaci&oacute;n de
la muchacha. Al avanzar tropec&eacute; con una blusa, un sost&eacute;n, un par de
calzoncillos, blue jeans, una falda y una polera. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al estar frente a la puerta &hellip; respir&eacute; profundo y gir&eacute;
con suavidad la fr&iacute;a chapa met&aacute;lica. A&uacute;n tengo grabada la imagen de Carolina mene&aacute;ndose
&nbsp;sobre el cuerpo del desconocido. Su
cabello casta&ntilde;o le cubr&iacute;a los hombros, sus manos se apoyaban en el torso del
semental de la misma manera en que se apoyaba en mi cuerpo, peque&ntilde;as gotitas de
sudor resbalaban de su espalda&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sent&iacute; como si Mike Tyson me hubiera dado un gancho al
ment&oacute;n. No ca&iacute;, pero qued&eacute; paralizado ante el cuadro er&oacute;tico, el cual contempl&eacute;
unos minutos como espectador de &nbsp;pel&iacute;cula
pornogr&aacute;fica. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Est&aacute; rico, mi amor- dije con cierta iron&iacute;a tras
recuperar el habla. Carolina gir&oacute; la mitad de su figura quedando extra&ntilde;a posici&oacute;n.
Al observarme ah&iacute;, en el dintel, se puso p&aacute;lida y salt&oacute; del cuerpo del amante
d&aacute;ndose un golpe seco contra el piso. Posteriormente, con la s&aacute;bana intent&oacute;
cubrirse las partes &iacute;ntimas y dijo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- No es lo que est&aacute;s pensando- </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sal&iacute;. Ella me persigui&oacute; protegiendo sus verg&uuml;enzas
con la s&aacute;bana. Te amo, te amo, fue un error mi amor, disculpa, gritaba mientras
baj&eacute; las escaleras. Por favor no te vayas, conversemos, insisti&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya en el hall, la escena prosigui&oacute; de la misma manera
y si no hubiera sido porque le arranqu&eacute; la improvisada toga, hubiera continuado
hasta la casa. A la vista del conserje y los otros inquilinos, su desnudez
alcanz&oacute; ribetes pat&eacute;ticos. Con sus manos, Carolina intent&oacute; cubrirse gritando mi
nombre. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo hu&iacute; en silencio. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Camin&eacute; por Santiago y a la hora en que los bares
abrieron sus puertas,&nbsp; me emborrach&eacute; de
tal manera que ni siquiera recordaba c&oacute;mo demonios hab&iacute;a llegado a una banca
frente al monumento a Rub&eacute;n Dar&iacute;o. Estaba sin zapatos, sin dinero y con una
jaqueca de proporciones b&iacute;blicas. Por unos instantes, olvid&eacute; los sucesos de la
tarde anterior. Cuando camin&eacute; a casa, en plena resaca, retorn&oacute; la memoria.
Carolina me parti&oacute; el pecho. Ya no ten&iacute;a razones para continuar viviendo, pens&eacute;
en el suicidio como &nbsp;alternativa viable.
Estaba cerca del r&iacute;o Mapocho y con la idea fija pens&eacute; en lanzarme al vac&iacute;o. Me
qued&eacute; apoyado en la baranda del puente del Arzobispo. Hab&iacute;a tomado la decisi&oacute;n,
no obstante, a &uacute;ltimo momento, decid&iacute; no hacerlo. Algo me aferr&oacute; la vida. No
fue la esperanza ni el deseo de vivir. Un algo inexplicable me at&oacute; al tiempo, a
permanecer con los pies en la tierra y no bajo ella. Una pesadumbre me invadi&oacute;
camino al hogar, como si la gravedad influyera sobre mi paso. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Habr&eacute; llegado a eso de las seis de la tarde a mi
casa. Al golpear, mi madre me dio una bofetada y luego un abrazo. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La carolita est&aacute; llorando en el living- coment&oacute;.</p>
<p>- Saca a esa puta de mi vista. No entro a la casa
hasta que se vaya. </p>
<p>- &nbsp;Qu&eacute; paso.</p>
<p>- Nada, no la quiero ver.- fui a casa de mis t&iacute;as
mientras mi ex se march&oacute;. Al llegar, mi madre hizo preguntas que no contest&eacute;.
Fui a mi pieza y mir&eacute; el techo toda la noche. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Para ir al cielo, debes respetar a tu mujer- coment&oacute;
Clementina en clase de religi&oacute;n. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tengo clara una cosa&hellip; mi destino no inclu&iacute;a un ticket
al para&iacute;so. Jam&aacute;s dese&eacute; una vida perfecta. Me hubiera aburrido a los dos o tres
a&ntilde;os de mon&oacute;tono matrimonio e incurr&iacute;a en las t&iacute;picas andanzas del casanova, un
hombre que se quita la piel de oveja y se lanza a devorar las primeras piernas
que se abran en el camino. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca hubiera sabido esto si no descubro a mi cuasi
prometida con otro. La palabra fidelidad se borr&oacute; de mi vocabulario junto- al
menos eso cre&iacute;- con la palabra orgasmo la cual se relacionaban directamente.
Odiaba las mujeres. Al ver a una en la calle sent&iacute;a ganas de vomitar. El sexo
no me provocaba nada y durante ese per&iacute;odo no tuve actividad de ning&uacute;n tipo. Ni
siquiera me masturbaba. El deseo se esfum&oacute; en alguna parte de mi cerebro y no
lo recuper&eacute; hasta 24 meses despu&eacute;s. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No me levant&eacute; de la cama durante una semana. Me qued&eacute;
acostado sin comer ni dormir. Me levantaba s&oacute;lo para ir al ba&ntilde;o. Si hubiera
tenido pa&ntilde;ales ni siquiera hubiese hecho el esfuerzo. Era un zombi. No hablaba,
no me re&iacute;a, ni siquiera era capaz de articular pensamientos coherentes. Al
dormir ve&iacute;a en el sue&ntilde;o a Carolina en medio de una org&iacute;a. Negros, blancos,
chinos, la follaban por todos los orificios posibles. Yo contemplaba la escena
mientras un negro &ldquo;superdotado&rdquo;, me invitaba al fest&iacute;n. &ldquo;Ella es de todos, no
te pertenece, ella es de todos, no te pertenece&rdquo;, repet&iacute;a esa voz. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras ese sue&ntilde;o despert&eacute; con rabia. Tom&eacute; nuestros &aacute;lbumes
fotogr&aacute;ficos y los romp&iacute; en peque&ntilde;os fragmentos que luego del arrebato volv&iacute;a a
asir como rompecabezas para luego, volver a destrozarlo. Quem&eacute; los peluches- casi
incendio la casa, el fuego alcanz&oacute; una cortina. Por suerte logr&eacute; controlarlo-,
bot&eacute; las conchas marinas que me regal&oacute;, destru&iacute; un par de almohadadas y las
s&aacute;banas donde hab&iacute;amos hecho el amor. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luego de la catarsis, justo al sexto d&iacute;a, sal&iacute; del
cuarto con direcci&oacute;n a la universidad. Decid&iacute; congelar el semestre y ped&iacute; la
devoluci&oacute;n del dinero. Mi casa de estudio accedi&oacute; d&aacute;ndome un mill&oacute;n de pesos
que no les entregu&eacute; a mis padres. Ellos se enteraron de mi deserci&oacute;n
estudiantil seis meses despu&eacute;s, cuando les cont&eacute; que hab&iacute;a abandonado la carrera&nbsp; para consumir&nbsp;
coca y una botella de vodka con jugo de naranja como desayuno. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Despu&eacute;s de
realizar todos los tr&aacute;mites de rigor y cobrar el cheque, &nbsp;conoc&iacute; a un grupo de cuicos, hijitos de pap&aacute; a
los que invit&eacute; a beber al Entre latas. A todos les gustaba la coca y a m&iacute;
tambi&eacute;n me agrado esa se&ntilde;ora blanca que jalaba con un l&aacute;piz bic o un billete de
diez lucas. De tan s&oacute;lo recordar la sensaci&oacute;n de la droga raspando mis fosas nasales,
mi boca tiende a babear como perro de Pablov. Uno nunca deja de ser adicto,
aunque- como en mi caso- lleves&nbsp; a&ntilde;os
limpio. Extra&ntilde;o esa maldita sustancia, sin embargo, resisto la tentaci&oacute;n
acost&aacute;ndome con cualquiera que me abra las piernas. He reemplazado una adicci&oacute;n
con otra, igual que los borrachos. El alcohol no lo abandon&eacute; del todo. He aprendido
a medirme. De vez en cuando caigo en una borrachera, claro, no al nivel de esos
meses, donde me tom&eacute; hasta las gracias. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una noche, en medio de esos meses perdidos, despert&eacute;
apoyado en la mesa de un departamento desconocido en el barrio alto.&nbsp; En la mesa hab&iacute;a una raya blanca y un vaso de
pisco puro. Beb&iacute; un poco de ese brebaje y sent&iacute; unas horribles nauseas. El
licor me quem&oacute; la garganta. Descendi&oacute; al est&oacute;mago igual que una bola de fuego.
Quise vomitar, pero logr&eacute; contener la arcada. Sab&iacute;a que si jalaba, la sensaci&oacute;n
de malestar pasar&iacute;a, enroll&eacute; un billete de cinco lucas para quedar duro y
seguir en la juerga, sin embargo, antes de pegarme el fierrazo, un pensamiento
cruz&oacute; por mi mente, un rayo de lucidez donde me dije&hellip; qu&eacute; mierda estoy
haciendo&hellip; sacud&iacute; mi cabeza. Todo me dio vueltas. Sin reflexionar mucho tom&eacute; el
vaso de pisco y lo dej&eacute; caer sobre la l&iacute;nea. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Hue&oacute;n, qu&eacute; mierda estay haciendo- gritaron mis ex
amigos. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arranqu&eacute;. Corr&iacute; mucho y cuando mi coraz&oacute;n ya no daba
m&aacute;s , me detuve frente a la estatua de Baquedano. Me sent&eacute; en la cuneta y
llor&eacute;. No lo hab&iacute;a hecho durante casi seis meses. Por primera vez despu&eacute;s de la
infidelidad, permit&iacute; que la pena se cruzara por mi camino&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fue el primer paso a la recuperaci&oacute;n definitiva&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Decid&iacute; rehabilitarme. Si me quedaba en Santiago
acabar&iacute;a mal. Me fui al sur, a un poblado de la s&eacute;ptima u octava regi&oacute;n&hellip; ya no
recuerdo muy bien. Era un villorrio ubicado a orillas del mar. Viv&iacute; en casa de
unos amigos de mi pap&aacute; quienes me acogieron como si fuese un hijo. Los primeros
meses fueron dif&iacute;ciles. En las noches no pegaba un ojo. Sudaba. Ten&iacute;a
escalofr&iacute;os y unos espasmos estomacales que me retorc&iacute;an el intestino. No dorm&iacute;
mucho a causa de la abstinencia. Mi cuerpo ped&iacute;a droga y no dejaba de pensar en
un saque.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;En las ma&ntilde;anas,
daba eternas caminatas a orillas del mar. La brisa salada de la costa golpeaba
mi rostro como una bofetada de aire puro que limpiaba mis insanos pulmones. Mis
pies se hund&iacute;an en la arena oscura y las olas reventaban en mis piernas
enfri&aacute;ndome mi piel. A pesar de ser un bonito paraje, yo lo odiaba. Mi nariz
goteaba mocos transparentes. Ten&iacute;a la boca reseca y un dolor de cabeza
horrible. Andaba mal humorado. Cualquiera que se me acercase recib&iacute;a un insulto
o incluso un golpe, como ese cabro chico a quien le vol&eacute; la raja con una patada
en culo. El ma&ntilde;oso me arroj&oacute; arena a la cara y yo lo persegu&iacute;&nbsp; unos cuantos metros hasta tenerlo a tiro de
ca&ntilde;&oacute;n&nbsp; para impactar en su culo. El chico
vol&oacute; uno o dos metros cayendo de bruces contra el agua. Esa fue la primera vez
que me re&iacute; en mucho tiempo&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pasaron los meses y comenc&eacute; a dormir bien, los
dolores de cabeza fueron disminuyendo paulatinamente hasta desaparecer. Mi
humor fue cambiando a medida que mi organismo se desintoxic&oacute;. Para matar el
aburrimiento, consegu&iacute; empleo de garz&oacute;n en un restaurante local, una taberna de
mal a muerte donde los pescadores iban de juerga. Era un lugar r&uacute;stico,
acogedor con mesas de pino, una barra al final del recinto y unos pilares donde
los borrachos se apoyaban para no perder el paso. Fue una experiencia de
mierda, pero si no hac&iacute;a algo, acabar&iacute;a volvi&eacute;ndome loco. El lugar no ten&iacute;a
nada de especial. Era una calle central rodeada de otras que la interceptaban.
A pesar de mi odio- que a&uacute;n perdura-, ese villorrio me salv&oacute; la vida. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una tarde, mientras serv&iacute;a una mesa compuesta por un
tipo canoso de rostro surcado por arrugas, un cabro rubio de ojos celestes y
otro tipo con cara de angustiado, decid&iacute; que me hab&iacute;a recuperado. Fue una
decisi&oacute;n arbitraria, torpe, sin embargo, ya estaba aburrido del pueblo. Luego
de servir vino y junto a una orden de seviche, me quit&eacute; el delantal de la
cintura, ped&iacute; mi paga y renunci&eacute;. Hice las maletas sin dejar una nota de
despedida y tom&eacute; el primer &nbsp;bus a
Santiago. Ya no toleraba el silencio del poblado. Anhelaba el bullicio. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al llegar al bus, me sub&iacute;, encend&iacute; mi Mp3. Escuch&eacute;
ocho horas del canto celestial de Janis Joplin. Ni siquiera mir&eacute; el paisaje. Me
bastaba con Janis y su voz gorri&oacute;n desgarrado. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llegu&eacute; a la capital a eso de las nueve de la noche.
Era diciembre o noviembre, ya no recuerdo bien. Al bajar el pie en la estaci&oacute;n
de buses, respir&eacute; profundamente el vaho de esmog. Casi me pongo a llorar cuando
la bocanada de humo &nbsp;ech&oacute; a patadas el
ox&iacute;geno. Bendito mon&oacute;xido de carbono, lo amo. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sal&iacute; a Alameda a tomar la micro, &nbsp;las bocinas de los autom&oacute;viles junto con las
puteadas de los taxistas a los micreros- y uno que otro lanza esperando un
descuido- me recibieron d&aacute;ndome a entender que estaba en casa. Me sub&iacute; a un bus
que me llevaba a mi viejo y querido &Ntilde;u&ntilde;oa. Como un ni&ntilde;o frente a un juguete
nuevo, intent&eacute; ver si Santiago hab&iacute;a cambiado en algo. La ciudad segu&iacute;a igual,
salvo por uno que otro edificio que Paz Froimovic hab&iacute;a construido derribando
centenarias casas, un par de rayados de los hip hoperos y uno que otro nuevo
vagabundo que se sumaba a la fauna de la urbe. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando golpe&eacute; la puerta de mi casa en Campo de
Deportes, casi esquina Irarr&aacute;zaval, mi madre se puso p&aacute;lida. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Qu&eacute; haces ac&aacute;- dijo.</p>
<p>- Me vine poh.</p>
<p>- Por qu&eacute;.</p>
<p>- Me aburr&iacute;&hellip; no te alegra verme. </p>
<p>- S&iacute;, claro- ella se acerc&oacute; me brind&oacute; un fr&iacute;o abrazo,
junto con un forzado beso en la mejilla. </p>
<p>&nbsp;Mi padre
apareci&oacute; en casa a eso de las nueve. Ven&iacute;a como siempre, con su terno
impecable, el malet&iacute;n de James Bond- se jura 007- peinado para atr&aacute;s y&nbsp; sus look de CNI renovado. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Est&aacute;s bien?- pregunt&oacute; </p>
<p>- Sip</p>
<p>- C&oacute;mo te trataron all&aacute;.</p>
<p>- Bien.</p>
<p>- Est&aacute;s m&aacute;s delgado &iquest;Comiste bien? </p>
<p>- sip, harto. </p>
<p>- Ok, &iquest; Qu&eacute; vas hacer con tu vida?</p>
<p>- terminar Derecho e irme a trabajar a tu staff</p>
<p>- Ok&hellip; tienes sue&ntilde;o </p>
<p>- s&iacute;, un poco</p>
<p>- Ok si quieres dormir, hazlo. </p>
<p>- Buenas noches, pap&aacute; </p>
<p>- Buenas Javier&hellip; es bueno tener a la familia reunida</p>
<p>- sip, lo es- </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Part&iacute; a la pieza. Cerr&eacute; la puerta. Estaba todo como
lo hab&iacute;a dejado, incluso con el polvo de la repisa donde guardo mis libros.
Sal&iacute; de ella, fui a la cocina a buscar un pa&ntilde;o para limpiar. Mientras quitaba
la tierra, de un libro sali&oacute; la &uacute;nica foto de de Carolina que sobrevivi&oacute; a las
llamas. La tomamos cuando fuimos al zool&oacute;gico. A m&iacute; me cargan los animales,
pero deseaba tener sexo con ella y estaba dispuesto a oler la caca de los
elefantes si fuese necesario. Fue as&iacute; como un fot&oacute;grafo nos ofreci&oacute; una
instant&aacute;nea. &nbsp;Hab&iacute;a olvidado que la usaba
como marcador de &ldquo;Memorias de ultratumba&rdquo;&hellip; si no hubiera sido porque marqu&eacute; la
fecha de compra- 3 de marzo 2002- jam&aacute;s me hubiese enterado que llevaba un a&ntilde;o
y ocho meses sin pensar en ella. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese verano fue aburrido. Ninguno de mis ex amigos- no
drogos- quer&iacute;a juntarse conmigo. Era l&oacute;gico. Los dej&eacute; botados. Por eso me qued&eacute;
sin juerga durante el calido mes de enero y su aburrido amigo, febrero.&nbsp; Mi viejo me ofreci&oacute; trabajar como procurador
en su staff, no acept&eacute; con la promesa de que marzo entrar&iacute;a a laborar. Pues
bien, como me abundaba dinero por mi trabajo de mesero, me dediqu&eacute; a gastar mi
peque&ntilde;a fortuna. Almorzaba todos los d&iacute;as un completo en el domin&oacute;, luego
visitaba una librer&iacute;a compr&aacute;ndome&nbsp; una
novela de Bukoswki, Auster o Fante, daba largos paseos por el paseo Bulnes donde
me sentaba a devorar libros. Volv&iacute;a a mi casa a eso de las nueve o diez de la
noche tan s&oacute;lo para dormir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute; lleg&oacute; marzo. Entr&eacute; a terminar derecho y como
procurador en el staff de mi padre. Ya no ten&iacute;a amigos en la universidad.
Estaba solo. Francamente no me import&oacute; mucho. En las horas libres me dedicaba a
estudiar las materias bajo la sombra de un sauce. En las tardes llegaba a la
oficina, me cambiaba los jeans para ponerme el terno. Era la &uacute;nica manera de
que me respetaran en el bufett. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una tarde me encontraba acarreando un mont&oacute;n de
expedientes, cuando apareci&oacute; una rubia espectacular. Usaba un ajustado traje de
dos piezas que le ce&ntilde;&iacute;a su exuberante figura. Ten&iacute;a un culo b&aacute;rbaro- como dir&iacute;a
un argentino- unos pechos enormes y un escote donde observ&eacute; un corpi&ntilde;o negro.
La tipa era una asesina. Yo la mir&eacute; de pies a cabeza y al cruz&oacute; delante de m&iacute;,
me di vuelta a mirarla sin percatarme del junior. Choqu&eacute; con el tipo. Los
papeles cayeron al piso y ella r&iacute;o iluminando la sala. Como un idiota fui
recogiendo uno a uno los oficios mientras la se&ntilde;orita segu&iacute;a su camino,
meneando las caderas como serpiente apocal&iacute;ptica. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al llegar a casa me masturb&eacute;. No lo hab&iacute;a hecho en
dos a&ntilde;os. Mi mano &nbsp;fue ba&ntilde;ada con el
chorro blanco de esperma que brot&oacute; como un geiser. Tuve que levantarme a buscar
papel higi&eacute;nico del ba&ntilde;o. Ah&iacute; descubr&iacute; algo importante&hellip; estaba caliente.
Necesitaba de un cuerpo para saciar el instinto. De cierta manera, volv&iacute; a
sentir&nbsp; que la sangre corr&iacute;a por mi cuerpo.
Si era capaz de estar excitado, significaba que mi tragedia pas&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era hora de recomenzar&hellip; qu&eacute; mejor manera que con un
buen polvo. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Intent&eacute; infructuosamente conquistar a alguna de mis
compa&ntilde;eras, colegas de trabajo, incluso alguna desconocida que se parase en un
paradero de micro. Perd&iacute; mi capacidad de seducci&oacute;n, en realidad, descubr&iacute; que
jam&aacute;s hab&iacute;a tenido una. Carolina hab&iacute;a sido la &uacute;nica mujer con la cual tuve
sexo- hasta ese entonces- en mis 24 a&ntilde;os. &nbsp;Carec&iacute;a del script -que ahora tengo- para
llevar a la cama a quien se me plazca. Era un nerd pajero que deseaba
fervientemente una mujer. Luego de meses de continuo desastre, decid&iacute; recurrir
a los servicios de mercado. Una vil transacci&oacute;n econ&oacute;mica donde yo ganaba un
par de orgasmos, mientras la se&ntilde;orita abr&iacute;a sus piernas para obtener una
recompensa econ&oacute;mica. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como inexperto en la materia, no sab&iacute;a &nbsp;donde buscar una puta. Deb&iacute; recurrir a lo m&aacute;s
sencillo, googlear la palabra escort. En la pantalla aparecieron m&aacute;s de cien
millones de sitios con diversas proposiciones. Tras no saber d&oacute;nde pinchar,
seleccion&eacute; una agencia que, como nombre de fantas&iacute;a, utilizaba el nombre de
&ldquo;tabu&rsquo;s&rdquo;. Mir&eacute; cada una de las fotos y una en particular llam&oacute; mi
atenci&oacute;n.&nbsp; Era una chica&nbsp; de nombre Amaranta. Ella pose&iacute;a unos grandes
pechos naturales, gordos y redondos, una cintura peque&ntilde;a y un coqueto vello
p&uacute;bico de color casta&ntilde;o claro. Anot&eacute; el tel&eacute;fono y llam&eacute;. </p>
<p>-Amaranta.</p>
<p>- S&iacute;- respondi&oacute; una voz sexy, ronquita que me
recordaba a alguien, no sab&iacute;a a qui&eacute;n. </p>
<p>- Hola quisiera tener&hellip; c&oacute;mo lo digo. </p>
<p>- una cita conmigo.</p>
<p>- Me quitaste las palabras de la boca. </p>
<p>- Es primera vez que haces esto.</p>
<p>- S&iacute;.</p>
<p>- Se nota mi amor, est&aacute;s nervioso.</p>
<p>- Un poquito.</p>
<p>- Rel&aacute;jate no m&aacute;s. </p>
<p>- Cu&aacute;nto me sale el servicio</p>
<p>- Cincuenta lucas normal, setenta completo-. Casi me
dio un ataque. Era car&iacute;sima, aunque dispuesto a pagar. </p>
<p>-&nbsp; Y cu&aacute;l es la
diferencia-. </p>
<p>- El normal es solo sexo oral y contacto normal, el
otro incluye greco. </p>
<p>- Ok, quiero el &uacute;ltimo.</p>
<p>- &iquest;Vienes ahora?- pregunt&oacute;. </p>
<p>- Eh, no ma&ntilde;ana en la tarde. </p>
<p>- Pero amor- me dijo- pudo haberme confirmado
ma&ntilde;ana-. Soltando una risa embriagadora- bueno- ma&ntilde;ana entonces a qu&eacute; hora.</p>
<p>- A las cinco, despu&eacute;s de que salga del trabajo.
D&oacute;nde queda ubicado. </p>
<p>- En Tobalaba con Providencia, te doy la direcci&oacute;n
ma&ntilde;ana.</p>
<p>- Bueno nos vemos, </p>
<p>- Chao.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Finalmente hab&iacute;a decidido finalizar mi abstinencia.
Sin embargo, una duda me surgi&oacute; de la nada: &iquest;Qu&eacute; era greco?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otra vez me met&iacute; a Internet y buscar el significado
del t&eacute;rmino. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Greco: chilenismo para hacer referencia el sexo anal.
</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me qued&oacute; clara la pel&iacute;cula. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esa ma&ntilde;ana hizo un fr&iacute;o horrendo. El term&oacute;metro
indicaba&nbsp; dos&nbsp; grados bajo cero. El hielo se adher&iacute;a a los
vidrios de los veh&iacute;culos cristalizando los parabrisas. La gente caminaba
entumida, tiritando y quienes venden caf&eacute;s en las esquinas, obtuvieron
suculentas ganancias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo, en cambio, al levantarme de la cama, decid&iacute;
vestirme abrigado. Me puse una bufanda, un&nbsp;
abrigo y un gorro de aquellos que usan los rusos. No prest&eacute; mucha
atenci&oacute;n en clases, ni tampoco en el trabajo. S&oacute;lo quer&iacute;a que acabase el d&iacute;a
para ir a satisfacer la necesidad. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A las cuatro tr sal&iacute; de la oficina con direcci&oacute;n al
lugar indicado. Corr&iacute;a una brisa helada que te golpeaba como cuchillo cualquier
punto donde no te protejas del fr&iacute;o. Las personas caminaban como apretadas,
compungidas, haciendo muecas por las temperaturas. Yo no era la excepci&oacute;n.
Caminaba entre tiritones, intentando calentarme con una sopaipilla. &nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Diez para la cinco de la tarde y llamo a Amaranta. </p>
<p>-Amaranta </p>
<p>- Con ella</p>
<p>- Yo agend&eacute; una cita contigo ayer en la noche</p>
<p>- s&iacute;, lo recuerdo muchach&iacute;n</p>
<p>- Estoy en las coordenadas que me indicaste anoche,
dame la direcci&oacute;n, por favor. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ella me entreg&oacute; los datos y di con la direcci&oacute;n. Era un
edificio como cualquier otro de Santiago, rectangular&nbsp; con un par de ventanas y lindos balcones
donde seguro se ten&iacute;a una vista privilegiada de la capital. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entr&eacute; y en la sala de estar me recibi&oacute; un conserje
sentado tras el mostrador. Vest&iacute;a camisa celeste, manchada con algo grasoso a
la altura del pecho y unos pantalones grises. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Buenas tardes.</p>
<p>- Buenas- respond&iacute;.</p>
<p>- A d&oacute;nde va</p>
<p>- Al 705.</p>
<p>- Su nombre por favor.</p>
<p>- Carlos Ram&iacute;rez- ment&iacute; </p>
<p>- momento por favor.- &nbsp;levant&oacute; el cit&oacute;fono y dijo mi nombre, luego
movi&oacute; la cabeza&nbsp; e indic&oacute; que subiera. Le
hice caso. Ya en el ascensor, mire mis ojos. Era lo &uacute;nico que se ve&iacute;a del
rostro, porque &eacute;ste estaba cubierto por una bufanda y un sombrero gris que no
desentonaba con el terno que llevaba puesto. No me hab&iacute;a cambiado de ropa, ya
que en la ma&ntilde;ana hab&iacute;a dado un examen y como a los abogados les gusta ser
formales, no tuve m&aacute;s alternativa que usarlo todo el d&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al llegar al s&eacute;ptimo piso, estaba un tanto nervioso. Mis
piernas tiritaban como gelatina y al llegar al departamento 705, me dieron
ganas de abortar el plan. Estuve unos segundos dubitativo, no obstante, cerr&eacute;
los ojos tocando el timbre. Pasaron unos minutos cuando la puerta se abri&oacute;
ingres&eacute; sin que nadie me recibiera. Luego sent&iacute;&nbsp;
que la madera se cerraba atr&aacute;s de m&iacute;. </p>
<p>- Hola- me dijo una muchacha de cabello casta&ntilde;o,
ondulado, ojos verdes redondos, casi de animaci&oacute;n japonesa. Usaba un sexy
conjunto rojo que resaltaba una silueta plagada de curvas&hellip; yo qued&eacute; aterrado. &nbsp;La chica camin&oacute; hacia la pieza, mientras yo
qued&eacute; paralizado.</p>
<p>- Eres t&iacute;mido mi amor- dijo- por que no te quitas
esas cosas que llevas puestas. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Le hice caso, saqu&eacute; primero el sombrero, luego desenroll&eacute;
la bufanda caf&eacute;. Ella segu&iacute;a contemplando la ciudad por la ventana. Cuando se
dio vuelta, la muchacha se puso p&aacute;lida y una l&aacute;grima corri&oacute; por su mejilla. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Ma&hellip; ma&hellip; Mart&iacute;n. </p>
<p>- Tantos a&ntilde;os sin vernos, Carolina&hellip; o debo decir
Amaranta.- Mi ex novia cay&oacute; sentada en un sill&oacute;n de cuero en el living, se tom&oacute;
la cabeza, pasando sus dedos lentamente por su cabellera.</p>
<p>- D&eacute;jame explicarte todo.</p>
<p>- No te preocupes- respond&iacute; aparentando calma- ya me
qued&oacute; todo claro y las explicaciones despu&eacute;s de tanto tiempo no valen la pena. </p>
<p>- yo.. yo, nunca te que quise&hellip;- </p>
<p>- Vine por un servicio y quiero que me lo des- repuse</p>
<p>- es que&hellip;</p>
<p>- Nada de peros&hellip; puta-. La tom&eacute; con firmeza volviendo
a sentir su piel tersa, llev&aacute;ndola a una de las habitaciones. Al abrir la
puerta apareci&oacute; una cama de dos plazas, un velador y un cuadro colgaba en la
cabecera. La arroj&eacute; en la cama d&aacute;ndole una cachetada. Ella ni siquiera grit&oacute;,
me baj&eacute; los pantalones, junto con sus calzones y nuestros sexos quedaron al
aire. La penetr&eacute; con brusquedad, ella emiti&oacute; un chillido peque&ntilde;o, como el de
una gata, la sent&iacute; dentro con una impotencia que se reflej&oacute; en las embestidas. </p>
<p>- Date vuelta- orden&eacute;. Ella acept&oacute; lo hice por detr&aacute;s.
Yo escuchaba su gemido dolorido mientras yo descargaba el semen entre sus
nalgas. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Camin&eacute; hacia donde estaban los pantalones me los puse
y de la billetera arroj&eacute; la tarifa. Sal&iacute; en silencio. Llegu&eacute; a la calle y encend&iacute;
un cigarro pensando que Dios es un hijo de puta que nos odia a todos. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
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